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Maritza Rodríguez

el árbol que no sabía quién era!

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIÉN ERA

Justo anoche los niños no querían dormir, les canté una canción pero no funcionó, así que me decidí por contarles este cuento que les quiero compartir a ustedes también, que aunque mis hijos tienes tres años, sé que les llego a ellos tanto como a mí, ya que deja una enseñanza muy bonita, porque así somos nosotros, siempre estamos buscando ser como los demás y desperdiciamos toda nuestra capacidad y potencial que tenemos dentro y nos olvidamos que tenemos un mundo inmenso dentro de nosotros por descubrir, una misión y un propósito que cumplir en nuestras vidas y que somos seres individuales y eso es lo que nos hace maravillosos y únicos ante los demás.
¡Espero lo disfruten!!!
Adaptación de una antigua fábula de Oriente
Había una vez un jardín muy hermoso en el que crecían todo tipo de árboles maravillosos. Algunos daban enormes naranjas llenas de delicioso jugo; otros, riquísimas peras que parecían azucaradas de tan dulces que eran. También había árboles repletos de dorados melocotones que hacían las delicias de todo aquel que se llevaba uno a la boca.
Era un jardín excepcional y los frutales se sentían muy felices. No sólo eran árboles sanos, robustos y bellos, sino que, además, producían las mejores frutas que nadie podía imaginar.
Sólo uno de esos árboles se sentía muy desdichado porque, aunque sus ramas eran grandes y muy verdes, no daba ningún tipo de fruto. El pobre siempre se quejaba de su mala suerte.
– Amigos, todos vosotros estáis cargaditos de frutas estupendas, pero yo no. Es injusto y ya no sé qué hacer.
El árbol estaba muy deprimido y todos los días repetía la misma canción. Los demás le apreciaban mucho e intentaban que recuperara la alegría con palabras de ánimo. El manzano, por ejemplo, solía hacer hincapié en que lo importante era centrarse en el problema.
– A ver, compañero, si no te concentras, nunca lo conseguirás. Relaja tu mente e intenta dar manzanas ¡A mí me resulta muy sencillo!
Pero el árbol, por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar verdes manzanas naciendo de sus ramas, no lo conseguía.
Otro que a menudo le consolaba era el mandarino, quien además insistía en que probara a dar mandarinas.
– A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas ¡Mira cuántas tengo yo! Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos… ¡Venga, haz un esfuerzo a ver si lo logras!
Nada de nada; el árbol era incapaz y se sentía fatal por ser diferente y poco productivo.
Un mañana un búho le escuchó llorar amargamente y se posó sobre él. Viendo que sus lágrimas eran tan abundantes que parecían gotas de lluvia, pensó que algo realmente grave le pasaba. Con mucho respeto, le habló:
– Perdona que te moleste… Mira, yo no sé mucho acerca de los problemas que tenéis los árboles, pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa. Soy un animal muy observador y quizá pueda ayudarte.
El árbol suspiró y confesó al ave cuál era su dolor.
– Gracias por interesarte por mí, amigo. Como puedes comprobar en este jardín hay cientos de árboles, todos bonitos y llenos de frutas increíbles excepto yo… ¿Acaso no me ves? Todos mis amigos insisten en que intente dar manzanas, peras o mandarinas, pero no puedo ¡Me siento frustrado y enfadado conmigo mismo por no ser capaz de crear ni una simple aceituna!
El búho, que era muy sabio comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza:
– ¿Quieres saber mi opinión sincera? ¡El problema es que no te conoces a ti mismo! Te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y en cambio no escuchas tu propia voz interior.
El árbol puso cara de extrañeza.
– ¿Mi voz interior? ¿Qué quieres decir con eso?
¡Sí, tu voz interior! Tú la tienes, todos la tenemos, pero debemos aprender a escucharla. Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta. Espero que medites sobre ello porque ahí está la respuesta.
El búho le guiñó un ojo y sin decir ni una palabra más alzó el vuelo y se perdió en la lejanía.
El árbol se quedó meditando y decidió seguir el consejo del inteligente búho. Aspiró profundamente varias veces para liberarse de los pensamientos negativos e intentó concentrarse en su propia voz interior. Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le rodeaba, escuchó al fin una vocecilla dentro de él que le susurró:
Cada uno de nosotros somos lo que somos ¿Cómo pretendes dar peras si no eres un peral? Tampoco podrás nunca dar manzanas, pues no eres un manzano, ni mandarinas porque no eres un mandarino. Tú eres un roble y como roble que eres estás en el mundo para cumplir una misión distinta pero muy importante: acoger a las aves entre tus enormes ramas y dar sombra a los seres vivos en los días de calor ¡Ah, y eso no es todo! Tu belleza contribuye a alegrar el paisaje y eres una de las especies más admiradas por los científicos y botánicos ¿No crees que es suficiente?
En ese momento y después de muchos meses, el árbol triste se alegró. La emoción recorrió su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.
Jamás volvió a sentirse peor que los demás y logró ser muy feliz el resto de su larga vida.
Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos unas capacidades diferentes que nos distinguen de los demás. Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez tratar de ser lo que los demás quieren que seas.
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¡Los quiero y hasta la próxima!!!!
Maritza

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¿Cómo tratamos a nuestros hijos?

¿Qué pregunta no? seguramente no nos detenemos un segundo a evaluarlo o siquiera a cuestionarlo, damos por hecho que a nuestros hijos hay que tratarlos simplemente como “hijos” con dureza, con premios y castigos, como en una dictadura donde prima la autoridad y la obediencia sin compasión y con ausencia de amor.

Quiero darles tres puntos que me parecen respetables para tener un balance entre la severidad y la bondad para así crear una relación en armonía con ellos.

-El Amor

Siempre hago énfasis en el amor a la hora de tratar a nuestros hijos y me atrevo a decir que la relación interpersonal con ellos viene desde (el momento de) la procreación, y me dirán qué es una locura lo que estoy diciendo, pero no lo es.
Los pensamientos a nivel semilla en ese momento son una manera no potencializada de sus deseos, de su energía, que luego los vamos a ver plasmados en la realidad cuando ellos salen al mundo exterior, solo que en el camino, agobiados por la rutina de la nueva dinámica de nuestros hijos, lo olvidamos y la armonía que visualizábamos en el amor antes de traerlos al mundo se ve reemplazada por las emociones que nos traen las desveladas,el cansancio, la falta de paciencia , los pañales, la rutina de madre primeriza, de no saber qué hacer con el tiempo, ni de nosotras mismas , ni de nuestros esposos, y lo único que tenemos es más fastidio que la suavidad de la dulzura y no quiero decir que estas emociones no sean reales o lógicas con lo que vivimos, pero no deberíamos permitir que esas emociones sean la fuente que nos mueva a la hora de hablar o tratar a nuestros hijos.

Oímos hablar que las madres hacemos grandes sacrificios por nuestros hijos, como por ejemplo dejar de estudiar, trabajar el doble, limitarnos en gastos en fin… pero para mí existe un tipo de sacrifico más difícil y es el sacrificar la emoción visceral que nos activan las situaciones externas de nuestro día a día y poner por encima el amor, y a dónde voy con esto? que cuando el amor nos abandona y nos posee la ira, la impaciencia, la impotencia, la frustración, gritamos a nuestros hijos, los golpeamos, los tratamos con mucha violencia, somos muy severos con ellos y la compasión se esfuma al momento de una corrección o castigo.

-El Respeto

Cuando uno es chico los padres siempre nos dicen “Usted tiene que respetarnos” y sí, es cierto, uno debe respetar a los padres, de hecho, es un mandamiento ordenado por El Creador para cualquier religión, y no se discute, pero si hay una diferencia entre “debes” y “tienes” y aquí el punto no está en discusión si se respeta o no a los padres No, ¡ojo!! es muy delicado porque mi idea aquí es, en el énfasis de como enseñamos el respeto.

El primer contacto, la primera relación que el niño tiene con el mundo es con sus padres y esa manera como aprenden a respetarlos a ellos, la toman de modelo para respetar a los demás.

El mensaje no debería ser de obligación, de imposición, sino de amor de consideración y valoración.

Respetemos a nuestros hijos, hagámosles sentir que son valorados, que nazca en ellos el respeto desde el amor, escuchémoslos, démosle su lugar.

-Mi Pertenencia “Mío”

Las madres siempre nos referimos a los hijos como “mío” … ¡Mi hijo, obvio!!! es mío no es de nadie más!! y siempre lo expresamos hasta para hablar; por ejemplo: qué le hicieron a mi hijo? “ME” lo dejaron llorar?, “ME lo golpearon?, “ME lo dejaron solo?, él ME es mío, no decimos. ¿Qué LE hicieron?, ¿Quién LE pego?, ¿No LO cuidaron? ¡se dan cuenta, aquí hay algo muy clave!! ¡es mi posesión, es mío, de mi propiedad y de esa misma forma los tratamos como si fueran algo, como una cosa que está en mi poder, a mi disposición, bajo mi dominio por lo tanto el hijo tiene que actuar, pensar, sentir, hablar, comportarse como yo digo y quiero, porque es mioooooo!!!

Y aquí hay algo que es muy difícil para los padres entender, la idea de que los hijos al final no son nuestros, como todo lo que hay en este mundo. Los hijos son del creador. Él nos los da para crecer espiritualmente y en otra ocasión profundizaremos en esto, pero si saliéramos de ese mío y pensáramos que son prestados como dice el dicho “ Los hijos son prestados” o como hacen los abuelos que son solo amor con los nietos y nunca son agresivos, ni violentos, porque como ellos no sienten que son de ellos, sino que son prestados!!! entonces los abuelos tratan a los nietos en libertad, sin gobierno, ni dictadura, los abuelos los escuchan, les permiten ser auténticos, conversan con ellos, son libres.

Al tratar a nuestros hijos como seres humanos independientes, con amor, despertando en ellos el valor, el respeto, la autenticidad de su ser, tendremos no solo relaciones positivas con nuestros hijos, sino que ganaremos unos hombres del mañana seguros, libres, capaces de construir una personalidad sólida, con coraje para enfrentarse al mundo en el amor para con los demás.

El balance de la disciplina, la guía para nuestros hijos está en el amor.

todo lo mejor!!!

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¡Los quiero y hasta la próxima!!!

Maritza

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