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¡no hacer nada!!

Pensar que no hacemos nada nos traduce a que somos inservibles, que no producimos, el problema de “No hacer nada” es que nos sentimos culpables; porque para nosotros el movimiento es sinónimo de utilidad, de que actúas, de que vales y eres alguien. Nos hemos acostumbrado a estar activos constantemente que nos cuesta detenernos sin que aparezca la ansiedad, la frustración o la culpa.

Ese paradigma hay que cambiarlo, ya que está en nuestro subconsciente y se nos activa cuando nos mandan a descansar. Cuando se nos da esta oportunidad de darnos tiempo para nosotros, no lo sabemos utilizar, ¿por qué? Porque no nos lo enseñaron, por eso funcionamos así.

A mí creo que me pasaba o tal vez aún me sigue pasando, ustedes me conocen que si no estoy ocupada me invento algo para estarlo. Estar sin hacer nada es algo que no sé hacer. Y aún sigo con eso que vaina. pero de lo que, sí estoy segura, es que lo llevó trabajando hace años, porque hay que detectarlo y trabajarlo.

Debemos trabajar no sentir culpa por estar quietos, por poder dormir hasta tarde, por estar recostados en un sofá leyendo un buen libro, por simplemente disfrutar de una puesta de sol sin pensar en nada más, por dedicarte tiempo para ti o curarte de una molestia, por pasar tiempo en pareja o con la familia, por tomar un baño caliente, o por simplemente, darte el capricho de no hacer nada.

Una cosa es trabajar para construir, pero a veces el mundo no se acaba si tomamos las cosas como son, si tenemos el tiempo para no hacer nada ¡hagámoslo!!!! ¡No hacer nada es parte también del hacer!!!
Parecemos caminando en caminadoras de ejercicio y estamos en el mismo lugar solo que la percepción del movimiento nos hace creer que avanzamos, pero no, estamos ahí donde empezamos.

Callemos la voz que nos atormenta y mejor identifiquemos que el descansar y reposar también nos permite avanzar y en la pausa está la recarga, el aprendizaje para cambiar la ruta del camino, es posible que esa parada nos ayude más, que correr sin ver que estábamos por el camino equivocado.
Nos puede servir para ser más creativos, ver la solución a algo que nos preocupa y que con las agitaciones del día a día no la vemos, de conocernos a nosotros mismos.

Tomémonos el tiempo para no hacer nada, por voluntad propia o simplemente porque debemos guardar reposo, esto nos ayudará a recargar nuestras baterías, a ser más productivos, creativos y concentrarnos mejor y nos ayudará en nuestro trabajo, en nuestros estudios y en otras áreas de nuestra vida.

¡Hasta la próxima, amigas!!!
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Besos,
Maritza.

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me estoy estancando!!

El tema que voy a tocar hoy es ¿cómo desanclarnos? Como ustedes yo he tenido la sensación de que estoy estancada, de que estoy paralizada, de que las cosas no salen, de que no sé qué hacer y uno empieza a entender que cuando instalas la fórmula de causa y efecto, uno es el responsable, que hay que cambiar el rol y salirse de la víctima y tomar la responsabilidad.
La vida no es aleatoria, la vida no está marcada por alguien que nos tiene que dar castigos o dar glorias; en muchas culturas nos enseñan, que hay que hacer las cosas bien, que hay que ir por el buen camino, que hay que portarse bien, que hay que ser honesto para que nos vaya bien. Y hacemos todo esto y vemos que no avanzamos y nos preguntamos ¿por qué? si yo soy bueno y no le robo nada a nadie ¿por qué no avanzo?, no es porque el cosmos y el universo, están conspirando para que nos vaya mal en la vida o que estemos anclados, empecemos por cuestionarnos, por preguntarnos, ¿por qué estoy estancado?, ¿qué no estoy haciendo? ¿Qué estoy dejando de hacer? ¿Por qué estoy viviendo en el efecto? ¿Por qué no soy la causa? Vivimos inconscientemente actuando como locos y no sabemos que a lo mejor esto es el resultado de algo.
Uno de nuestros grandes problemas es no tomar riesgos, ¿por qué no tomamos riesgos? ¿por qué no nos movemos? Porque como no sentimos la seguridad de lo que va a pasar y hacia dónde vamos, entonces no nos movemos, es mejor estar aquí, y solo repetimos esta frase ¡salirnos de nuestra zona de confort!, porque está chévere, porque está de moda y porque se usa en las redes #salirdenuestrazonadecomfort , pero ¿por qué no la aplicamos?, pongamosla en práctica de verdad, sé que es bien difícil porque a veces nos aferramos a una falsa seguridad, ya que es lo que nos han dicho y nos han enseñado, “como yo ya sé”, “ yo ya me la sé y le estoy ahorrando el camino”, “váyase por aquí mi amor, yo ya fui, yo ya volví, yo ya lo hice, yo ya sé que es por aquí” entonces decimos, “voy a ir por donde me dicen mis papas, mis abuelos, mis tíos, mis hermanos mayores, etc,”, y simplemente quedamos predispuestos a que hay que hacer algo que es seguro y no tenemos la necesidad de lanzarnos al vacío, pero ¿y si cambiamos esa falsa seguridad o miedo por curiosidad? claro no es fácil, no es fácil salir de un trabajo donde nos sentimos infelices porque no podemos expandirnos, porque nuestra voz no es escuchada, porque no podemos aportar nuestra creatividad, nuestras ideas, para explorar algo nuevo, porque siempre pensamos en que por lo menos acá tenemos para pagar las cuentas, ya nos conocen, ya sabemos cómo es el trabajo, ya conocemos a nuestros compañeros, ya tenemos amigos, porque al pensar en un cambio lo primero que se nos viene a la mente es: Y si tengo que mudarme de país, y si me cambio de compañía qué va a pasar allá, por lo menos aquí tengo un contrato todos los años ¿Con quién me voy a encontrar? ¿Y si no me gustan las personas que trabajan allí? ¿Y si no puedo llevarme bien con mis nuevos compañeros? ¿Y si no me gusta? Y nos repetimos este refrán “Más vale malo conocido, que bueno por conocer”. Y no nos movemos.
Otro de nuestros problemas es la certeza, no tenemos certeza, porque si la tuviéramos nuestros pensamientos serían, “voy a estar mejor allá”, “este cambio me va a enriquecer”, “voy a conocer nuevas personas que van a aportar en mi crecimiento”, “voy a aprender cosas nuevas” pero como nos resistimos a los procesos y solo queremos los resultados, nos es difícil hacer estos cambios, vivimos en la inmediatez, de logro en logro, no en un proceso evolutivo, porque nos queremos ahorrar el proceso y eso es lo que nos enseñan y no sabemos que en las caídas es donde aprendemos,.
Me acuerdo cuando yo empecé a hacer mi camino, yo fui caminando en la certeza, en que Dios aquí me puso y como si yo tuviera un GPS dentro de mí llevándome en la certeza y tomando riesgos, solo pensaba que me iba a ir bien, en algún momento me perdí y tuve que volver a conectarme, hice un alto y me dije, ¿cómo llegué desde Barranquilla hasta acá? y ¿por qué perdí la fórmula? No espérate, porque claro, si nos va bien, si nos salen las cosas bien, sentimos que avanzamos, pero cuando las cosas no salen como queremos sentimos que no avanzamos, porque no nos damos cuenta que allí es donde estamos haciendo la universidad, ese es el grado, ese es el máster, porque creemos que hasta ahí llegamos y no somos capaces de seguir e ignoramos que eso nos va a fortalecer porque nos estamos preparando para lo que viene, para algo más grande, y ahí es cuando decimos “esto me llego en el momento correcto”, ¿por qué? Porque antes no tenía la madurez, la sensatez, la inteligencia, ahora la tengo porque pase por un proceso.
Hay un plan maestro, déjate llevar, deja que el creador haga también su trabajo, no lo dejamos actuar. Entonces toma el riesgo, crece, ten certeza, avanza, ¿a dónde?, Dios te va a poner en el lugar correcto, ábrete al cambio, a las señales, porque no nos abrimos a lo que pueda pasar y ahí puede estar el mensaje para de verdad hacer nuestro trabajo, no te quejes, deja de pensar que la vida no es justa contigo, que las cosas no te están saliendo por culpa de otra persona, suelta los miedos, las preocupaciones, deja de pensar que todo el mundo está conspirando contra ti, y empiezas a pensar de que todo lo que está pasando es para bien y así puedes caminar muchísimo más fácil.
Les aconsejo que primero identifiquemos en qué conciencia nos conectamos, segundo, tomemos el riesgo y la certeza nos va a dar la seguridad de saber que donde vayamos aunque no lo podamos ver es seguro, vamos a estar seguros, porque dependiendo de nuestra energía podemos influenciar nuestro entorno y pensemos que todo lo que nos está pasando, está bien, porque todos esos cambios nos van a permitir madurar, nos van a permitir entrenarnos, nos van a permitir pasar al siguiente nivel, nuestro destino no lo afecta una sola cosa, son muchas cosas, entonces no nos podemos quedar esperando que nos pase lo bueno y que nos pase lo malo y quejarnos, no!, tomemos acción, es el momento de tomar acción para poder desanclarnos, para poder caminar, para poder avanzar, para poder cambiar nuestro destino, para poder realmente activar nuestras bendiciones y vivir en una vida completamente diferente, vamos a sacudirnos, y a cuestionarnos. De verdad hagamos el trabajo.
Bueno espero que les haya quedado algo, que les haya servido, igual seguiremos en el proceso, a mí me ha servido muchísimo, yo he tomado un cambio en mi vida que ustedes lo están viendo y me siento feliz, porque sé que estoy en el lugar correcto que tengo que estar.
¡Hasta la próxima, amigas!!!
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Besos,
Maritza.

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¡El rompecabezas!

Muchas veces pensamos que los problemas son demasiado grandes para arreglarlos y nos rompemos realmente la cabeza para solucionar algo, si simplemente viéramos que no son un problema, como que conocemos la respuesta, como que son cosas simples, cuando empezamos a ver con simpleza los problemas, podemos resolverlos.
El mundo es una dimensión muy grande, el mundo pareciera imposible de arreglar, pero realmente cuando empecemos a hacer el trabajo interno, individual de cada ser humano, cuando empecemos a repararnos a nosotros mismos, cada uno de nosotros va a ser la sumatoria de toda la humanidad y así vamos arreglar al mundo.

¡Empecemos por cosas pequeñas!!!

EL ROMPECABEZAS

Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar medios de disminuirlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.
El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que el niño fuese a jugar a otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró algo que
pudiese ser ofrecido al hijo con el objetivo de distraer su atención.
De repente tomó el mapa del mundo de una revista y con unas tijeras, recortó el mapa en muchos pedazos y junto con un rollo de cinta adhesiva, lo entregó al hijo diciendo:

– ¿A ti te gustan los rompecabezas?, entonces voy a darte el mundo para arreglar, ¡Mira si puedes arreglarlo bien!, Hazlo todo solo. Calculo que al niño le llevaría días recomponer el mapa.

Algunas horas después, oyó la voz del hijo que le llamaba calmadamente.
– “Padre, padre, ya he hecho todo, ¡Conseguí terminar todo!”.

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del hijo. Sería imposible a su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto. Entonces, el científico levanto los ojos de sus anotaciones seguro de que vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en los debidos sitios.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

– “Tu no sabías como era el mundo, hijo mío, ¿cómo lo conseguiste?”

– Padre yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para recortar, yo vi que del otro lado había la figura de un hombre. Cuando tú me diste el mundo para arreglar, yo intenté, pero no lo conseguí, Fue entonces que me acorde del hombre, di la vuelta a los recortes y empecé a arreglar al hombre, que yo sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y encontré que había arreglado el mundo.

Gabriel García Márquez

¡Hasta la próxima, amigas!!!
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Besos,
Maritza.

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¡Ir a la cama!

Ir a la cama… ese momento del día que para muchas es el más deseado, pero una vez eres madre se convierte en una odisea interminable por la que quisiéramos que nuestros hijos automáticamente tuvieran las mismas ganas de descansar que nosotras. ¿No les ocurre igual? Vas y vienes detrás de ellos, les dices en todos los idiomas que es hora de dormir, les apagas la tele, les quitas los juguetes, te desesperas escuchándolos llorar sin saber como hacerlos entender, quisieras que tuvieran un botón del que pudieras apagarlos para que se durmieran instantáneamente, en fin… el nivel de frustración llega al máximo solo para vivirlo otra vez a la siguiente noche, y la siguiente, y la siguiente…

Sin embargo, si desmitificamos el ir a la cama, en realidad es una actividad del día igual a las demás, como ir a la escuela o a jugar al parque. De la misma manera debemos hacer el ir a la cama una parte esencial del día de nuestros hijos. Es importante tener siempre presente que somos nosotras como madres las que debemos enseñarles y hacer de esta actividad algo positivo y disfrutable para nuestros hijos. Es común que nuestra mente de adultos a veces olvide que los niños deben aprender a dormirse como aprenden el resto de las cosas. Y es ilógico esperar que ellos quieran ir a dormir de la misma manera que lo queremos nosotros los adultos que llevamos años de haber adquirido el hábito. Por eso es importante que no perdamos la noción, y por el contrario, aprovechemos que nuestros hijos son esponjas que absorben todo lo que ponemos a su alcance. Así es como aprenden rutinas y hábitos que al practicar día tras día se convierten en parte de ellos. Si nos frustramos, nuestros hijos se frustran. Y si a eso le sumamos el mal humor característico de un niño cansado y con sueño, el resultado es catastrófico y nada positivo ni para el niño ni para nosotras.

Ahora bien, en lugar de imponerles a los niños el hacer algo que simplemente no han tenido la oportunidad de aprender a hacer como es el irse a dormir, es nuestra responsabilidad como madres encontrar la manera de hacer de esta actividad algo entretenido para nuestros hijos. Debemos buscar formas de comunicación con ellos que nos permitan hacerles ver que irse a la cama es divertido, algo único dentro de la rutina de su día que les permite hacer cosas igualmente entretenidas que no hacen en otro momento del día.

A lo que me refiero es hacer de la ida a dormir un juego del que los niños puedan disfrutar mientras los llevamos de la mano (simbólicamente) hacia un estado mental más calmado que le permita a ellos conciliar el sueño. Por eso cuando digo juego no me refiero a brincar ni ir de un lado a otro. Un juego puede ser algo tan simple como cantar una canción específica que el niño relacione con comenzar el juego de irse a la cama. A mi personalmente me funciona darles de cenar y una vez hayan comido, darles un baño en la noche pues me ayuda a relajarlos. El baño también podemos hacerlo divertido. Pueden tener juguetes especiales con los que solo juegan mientras se bañan. Hoy en día hay jabones que hacen espumas de colores o stickers que puedes pegar en las paredes del baño con los que los niños se divierten. O tenerles juguetes con los que hagan burbujas de jabón. Puedes ponerles música suave que va a ayudar a que su cerebro comience a relacionar el momento con el ir a dormir. Después del baño les pongo crema en todo el cuerpo con un leve masaje que mezclo con juegos simples que los hacen reír y disfrutar del tiempo con mamá. Les hago cosquillas, les doy besos en sus estómagos, o juego con los deditos de sus pies mientras les canto. En unos meses por ejemplo ya voy a poder decirles que elijan los cuentos que quieran que les lea… en fin, hago de ese momento algo que ellos disfruten para que al día siguiente quieran volver a hacerlo.

Al comenzar a relacionar el irse a dormir con algo positivo, un tiempo divertido con mamá y/o papá, y no en el momento del día donde viene la restricción de “no puedo jugar mas” o “no puedo ver mas tv”, comenzamos a recibir una actitud más abierta de parte de nuestros hijos. Ahora, tenemos que estar conscientes también que el irse a dormir no es un hábito que aprendemos de un día para otro. Ni nosotras lo hicimos cuando éramos niñas. Es un proceso que toma su tiempo y sobretodo paciencia de nuestra parte. Un proceso que, si nos proponemos a hacerlo con amor y comprensión, no solo fortalece los vínculos entre nosotras y nuestros hijos, sino que crea memorias inolvidables para ellos. Así como nosotras no nos sentimos bien yéndonos a dormir molestas o peleadas con alguien que queremos o con nuestras parejas, de la misma manera no es sano para nuestros hijos que constantemente se duerman en un estado de consciencia proveniente de una discusión con sus padres por no quererse ir a dormir cuando se los ordenaron.

Ahora, con todo esto no quiero decirles que el juego de irse a la cama es eterno y lleno de amor hasta que los niños quieran. Para los niños también es muy útil percibir de sus padres cierto nivel de disciplina y estructura que les permita adoptar positivamente este nuevo hábito. Yo por ejemplo cuando veo que quieren seguir jugando o viendo tv, uso el sistema de llamadas que vemos en un teatro. ¡Sí, tal cual! Hago tres llamadas. ¡Les digo “niños a dormir, primera llamada!” y con el tiempo ellos van entendiendo que, aunque es hora de comenzar el juego de ir a la cama, no es del todo una orden severa que les restringe inmediatamente de hacer lo que están haciendo. ¡A los 10 o 15 minutos les digo “niños a dormir, segunda llamada!”. Con esto ellos saben que se acerca el momento, pero al mismo tiempo disfrutan de poder seguir viendo tv o jugar un rato más. De igual manera ellos ven estas llamadas como que se están saliendo con la suya al no irse a dormir, pero para mi es tenerlos “avisados” de que pronto deberán de dejar lo que están haciendo sin imponer mi orden. 10 o 15 minutos después viene la tercera y última llamada y ellos ya saben que es tiempo de dormir, que ya les di oportunidad para terminar de jugar o ver tv, y que ahora sí es hora de ir a la cama. Los llevo a sus cunas, hacemos las oraciones, les doy su beso de las buenas noches, apago la luz y todos a dormir.

Aquí te dejo unos tips que me han ayudado a mi en este proceso que podría decirles que tengo ya prácticamente masterizado:

Si tus hijos disfrutan jugar con un juguete en particular (un carrito o una muñeca, por ejemplo) permíteles ir a la cama con él. Quizá una vez se duerman puedes quitarlo de su cama para que no se lastimen en la noche, pero el sentimiento de compañía que perciben los niños de sus juguetes favoritos les ayuda a entrar más fácilmente en un estado mental de calma y por ende suelen conciliar el sueño mas rápido.
Aplícales en el cuerpo antes de dormir crema para niños con aromas relajantes como lavanda. Además de lo que los puede relajar el masaje mientras la aplicas, el aroma los relaja y los lleva a un estado de calma ideal para que posteriormente se duerman.
Preocúpate porque tus hijos tengan las mejores condiciones posibles para dormir: pijamas limpias y frescas, cobijas suaves, colchoncitos cómodos. Así como tu disfrutas de acostarte en tu cama, tus hijos también, aunque no lo expresen. Por lo que es igual de importante que todo esté en su punto para garantizarles que disfruten de sus horas de sueño. Además, esto asegura que descansen bien y no se despierten en medio de la noche de mal humor.
Supervisa que no consuman alimentos ricos en azúcar después de las 6pm. El azúcar les dará energía adicional en un momento en el día en el que tardarán en consumirla, lo que significa varias horas más de juego a altas horas de la noche. Y contra eso no hay baño ni lavanda que pueda.
Si tus hijos hacen siesta en la tarde, trata de que pasen al menos unas 5 a 6 horas entre el momento que despiertan y la hora de ir a dormir, así estarán lo suficientemente cansados para conciliar un sueño que dure toda la noche.
Si tus hijos toman tetero o mamila en la noche, trata de que este tibia o calientita. El calor relaja sus músculos y esto puede ayudarte a que entren en ese estado mental que necesitas para que quieran irse a dormir.

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¡Los quiero y hasta la próxima!!!!

Maritza

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EL PODER DEL AMOR FAMILIAR

Ayer estuve en el cine y vi una película que por cierto se las recomiendo “Un saco de canicas” y realmente me sorprendió y me impacto mucho, no les quiero contar la película porque se las hecho a perder, pero si les quiero compartir que salí de allí con un nudo en la garganta y al llegar a casa lo que hice fue abrazar a mi esposo y llorar como por 10 minutos, porque sencillamente toco mi corazón y me hizo ver lo bendecida que soy al apreciar diariamente al esposo que tengo, a los hijos que el creador nos regaló y lo lindo que hemos trabajado juntos en el hogar y la relación hermosa que estamos creando en el amor con nuestros hijos.

Recordé, no corrijo, volví a reiterar que el arma más poderosa que te pueden regalar tus padres es la unión en el amor, el vínculo que puedas crear con ellos es la vitamina, la fuerza, el poder para poder superar todo.

Yo he vivido la mitad de mi vida lejos de mi familia, de mis padres y mis hermanos, como todos saben por mi trabajo de actriz, uno es más gitano que los gitanos, pero así es y aunque la distancia ha sido fuerte, más fuerte ha sido el amor con que nos conectamos, yo no sería tan berraca, como se dice en Colombia si no fuera por todo lo que en mi casa se me dio, el amor, la unidad en el amor.

Mis padres lograron crear un vínculo de amor, de unión, de respeto, admiración y respaldo, de cuidado entre todos.

Siempre escuchamos esto que la familia es lo más importante, que es el núcleo de la sociedad, pero ya no le damos la importancia, ni el valor correspondiente, vivimos en una individualidad cada quien buscando su beneficio y dejando todo sin importancia, sin ningún valor.

Vemos ahora muchos divorcios, familias disfuncionales, desapegos fuertes, odios entre hermanos, entre padres, venganzas, es fácil botar o regalar algo que no nos ha costado o que no tiene valor y creo que se ha perdido mucho, cuando deberíamos ganar tanto, pensemos que el esfuerzo, el trabajo por construir una familia, un hogar, traer al mundo hijos, es la oportunidad para conocer el amor y trabajar por el amor, salirnos de nosotros mismos, crecer, madurar, expandirnos, refinar nuestro carácter, cambiar el mundo, crear puentes de amor, ser más sensibles al prójimo, convertirnos en seres más bondadosos, pacientes, compasivos, mejorar generaciones, potencializar la autoestima del otro, vivir felices y dejar ser felices a los demás

Crean en la familia, en el amor, en la certeza de una Luz suprema, en aportar para que ganemos más y crear un mundo con más sensibilidad y unidad.

¡Feliz día todos los días!!!

¡A los papas, a las mamas y a la familia!

¡Hasta la próxima, amigas!!!

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Besos,
Maritza.

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el árbol que no sabía quién era!

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIÉN ERA

Justo anoche los niños no querían dormir, les canté una canción pero no funcionó, así que me decidí por contarles este cuento que les quiero compartir a ustedes también, que aunque mis hijos tienes tres años, sé que les llego a ellos tanto como a mí, ya que deja una enseñanza muy bonita, porque así somos nosotros, siempre estamos buscando ser como los demás y desperdiciamos toda nuestra capacidad y potencial que tenemos dentro y nos olvidamos que tenemos un mundo inmenso dentro de nosotros por descubrir, una misión y un propósito que cumplir en nuestras vidas y que somos seres individuales y eso es lo que nos hace maravillosos y únicos ante los demás.
¡Espero lo disfruten!!!
Adaptación de una antigua fábula de Oriente
Había una vez un jardín muy hermoso en el que crecían todo tipo de árboles maravillosos. Algunos daban enormes naranjas llenas de delicioso jugo; otros, riquísimas peras que parecían azucaradas de tan dulces que eran. También había árboles repletos de dorados melocotones que hacían las delicias de todo aquel que se llevaba uno a la boca.
Era un jardín excepcional y los frutales se sentían muy felices. No sólo eran árboles sanos, robustos y bellos, sino que, además, producían las mejores frutas que nadie podía imaginar.
Sólo uno de esos árboles se sentía muy desdichado porque, aunque sus ramas eran grandes y muy verdes, no daba ningún tipo de fruto. El pobre siempre se quejaba de su mala suerte.
– Amigos, todos vosotros estáis cargaditos de frutas estupendas, pero yo no. Es injusto y ya no sé qué hacer.
El árbol estaba muy deprimido y todos los días repetía la misma canción. Los demás le apreciaban mucho e intentaban que recuperara la alegría con palabras de ánimo. El manzano, por ejemplo, solía hacer hincapié en que lo importante era centrarse en el problema.
– A ver, compañero, si no te concentras, nunca lo conseguirás. Relaja tu mente e intenta dar manzanas ¡A mí me resulta muy sencillo!
Pero el árbol, por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar verdes manzanas naciendo de sus ramas, no lo conseguía.
Otro que a menudo le consolaba era el mandarino, quien además insistía en que probara a dar mandarinas.
– A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas ¡Mira cuántas tengo yo! Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos… ¡Venga, haz un esfuerzo a ver si lo logras!
Nada de nada; el árbol era incapaz y se sentía fatal por ser diferente y poco productivo.
Un mañana un búho le escuchó llorar amargamente y se posó sobre él. Viendo que sus lágrimas eran tan abundantes que parecían gotas de lluvia, pensó que algo realmente grave le pasaba. Con mucho respeto, le habló:
– Perdona que te moleste… Mira, yo no sé mucho acerca de los problemas que tenéis los árboles, pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa. Soy un animal muy observador y quizá pueda ayudarte.
El árbol suspiró y confesó al ave cuál era su dolor.
– Gracias por interesarte por mí, amigo. Como puedes comprobar en este jardín hay cientos de árboles, todos bonitos y llenos de frutas increíbles excepto yo… ¿Acaso no me ves? Todos mis amigos insisten en que intente dar manzanas, peras o mandarinas, pero no puedo ¡Me siento frustrado y enfadado conmigo mismo por no ser capaz de crear ni una simple aceituna!
El búho, que era muy sabio comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza:
– ¿Quieres saber mi opinión sincera? ¡El problema es que no te conoces a ti mismo! Te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y en cambio no escuchas tu propia voz interior.
El árbol puso cara de extrañeza.
– ¿Mi voz interior? ¿Qué quieres decir con eso?
¡Sí, tu voz interior! Tú la tienes, todos la tenemos, pero debemos aprender a escucharla. Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta. Espero que medites sobre ello porque ahí está la respuesta.
El búho le guiñó un ojo y sin decir ni una palabra más alzó el vuelo y se perdió en la lejanía.
El árbol se quedó meditando y decidió seguir el consejo del inteligente búho. Aspiró profundamente varias veces para liberarse de los pensamientos negativos e intentó concentrarse en su propia voz interior. Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le rodeaba, escuchó al fin una vocecilla dentro de él que le susurró:
Cada uno de nosotros somos lo que somos ¿Cómo pretendes dar peras si no eres un peral? Tampoco podrás nunca dar manzanas, pues no eres un manzano, ni mandarinas porque no eres un mandarino. Tú eres un roble y como roble que eres estás en el mundo para cumplir una misión distinta pero muy importante: acoger a las aves entre tus enormes ramas y dar sombra a los seres vivos en los días de calor ¡Ah, y eso no es todo! Tu belleza contribuye a alegrar el paisaje y eres una de las especies más admiradas por los científicos y botánicos ¿No crees que es suficiente?
En ese momento y después de muchos meses, el árbol triste se alegró. La emoción recorrió su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.
Jamás volvió a sentirse peor que los demás y logró ser muy feliz el resto de su larga vida.
Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos unas capacidades diferentes que nos distinguen de los demás. Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez tratar de ser lo que los demás quieren que seas.
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Maritza

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¿Cómo tratamos a nuestros hijos?

¿Qué pregunta no? seguramente no nos detenemos un segundo a evaluarlo o siquiera a cuestionarlo, damos por hecho que a nuestros hijos hay que tratarlos simplemente como “hijos” con dureza, con premios y castigos, como en una dictadura donde prima la autoridad y la obediencia sin compasión y con ausencia de amor.

Quiero darles tres puntos que me parecen respetables para tener un balance entre la severidad y la bondad para así crear una relación en armonía con ellos.

-El Amor

Siempre hago énfasis en el amor a la hora de tratar a nuestros hijos y me atrevo a decir que la relación interpersonal con ellos viene desde (el momento de) la procreación, y me dirán qué es una locura lo que estoy diciendo, pero no lo es.
Los pensamientos a nivel semilla en ese momento son una manera no potencializada de sus deseos, de su energía, que luego los vamos a ver plasmados en la realidad cuando ellos salen al mundo exterior, solo que en el camino, agobiados por la rutina de la nueva dinámica de nuestros hijos, lo olvidamos y la armonía que visualizábamos en el amor antes de traerlos al mundo se ve reemplazada por las emociones que nos traen las desveladas,el cansancio, la falta de paciencia , los pañales, la rutina de madre primeriza, de no saber qué hacer con el tiempo, ni de nosotras mismas , ni de nuestros esposos, y lo único que tenemos es más fastidio que la suavidad de la dulzura y no quiero decir que estas emociones no sean reales o lógicas con lo que vivimos, pero no deberíamos permitir que esas emociones sean la fuente que nos mueva a la hora de hablar o tratar a nuestros hijos.

Oímos hablar que las madres hacemos grandes sacrificios por nuestros hijos, como por ejemplo dejar de estudiar, trabajar el doble, limitarnos en gastos en fin… pero para mí existe un tipo de sacrifico más difícil y es el sacrificar la emoción visceral que nos activan las situaciones externas de nuestro día a día y poner por encima el amor, y a dónde voy con esto? que cuando el amor nos abandona y nos posee la ira, la impaciencia, la impotencia, la frustración, gritamos a nuestros hijos, los golpeamos, los tratamos con mucha violencia, somos muy severos con ellos y la compasión se esfuma al momento de una corrección o castigo.

-El Respeto

Cuando uno es chico los padres siempre nos dicen “Usted tiene que respetarnos” y sí, es cierto, uno debe respetar a los padres, de hecho, es un mandamiento ordenado por El Creador para cualquier religión, y no se discute, pero si hay una diferencia entre “debes” y “tienes” y aquí el punto no está en discusión si se respeta o no a los padres No, ¡ojo!! es muy delicado porque mi idea aquí es, en el énfasis de como enseñamos el respeto.

El primer contacto, la primera relación que el niño tiene con el mundo es con sus padres y esa manera como aprenden a respetarlos a ellos, la toman de modelo para respetar a los demás.

El mensaje no debería ser de obligación, de imposición, sino de amor de consideración y valoración.

Respetemos a nuestros hijos, hagámosles sentir que son valorados, que nazca en ellos el respeto desde el amor, escuchémoslos, démosle su lugar.

-Mi Pertenencia “Mío”

Las madres siempre nos referimos a los hijos como “mío” … ¡Mi hijo, obvio!!! es mío no es de nadie más!! y siempre lo expresamos hasta para hablar; por ejemplo: qué le hicieron a mi hijo? “ME” lo dejaron llorar?, “ME lo golpearon?, “ME lo dejaron solo?, él ME es mío, no decimos. ¿Qué LE hicieron?, ¿Quién LE pego?, ¿No LO cuidaron? ¡se dan cuenta, aquí hay algo muy clave!! ¡es mi posesión, es mío, de mi propiedad y de esa misma forma los tratamos como si fueran algo, como una cosa que está en mi poder, a mi disposición, bajo mi dominio por lo tanto el hijo tiene que actuar, pensar, sentir, hablar, comportarse como yo digo y quiero, porque es mioooooo!!!

Y aquí hay algo que es muy difícil para los padres entender, la idea de que los hijos al final no son nuestros, como todo lo que hay en este mundo. Los hijos son del creador. Él nos los da para crecer espiritualmente y en otra ocasión profundizaremos en esto, pero si saliéramos de ese mío y pensáramos que son prestados como dice el dicho “ Los hijos son prestados” o como hacen los abuelos que son solo amor con los nietos y nunca son agresivos, ni violentos, porque como ellos no sienten que son de ellos, sino que son prestados!!! entonces los abuelos tratan a los nietos en libertad, sin gobierno, ni dictadura, los abuelos los escuchan, les permiten ser auténticos, conversan con ellos, son libres.

Al tratar a nuestros hijos como seres humanos independientes, con amor, despertando en ellos el valor, el respeto, la autenticidad de su ser, tendremos no solo relaciones positivas con nuestros hijos, sino que ganaremos unos hombres del mañana seguros, libres, capaces de construir una personalidad sólida, con coraje para enfrentarse al mundo en el amor para con los demás.

El balance de la disciplina, la guía para nuestros hijos está en el amor.

todo lo mejor!!!

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Maritza

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