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¡Ir a la cama!

Ir a la cama… ese momento del día que para muchas es el más deseado, pero una vez eres madre se convierte en una odisea interminable por la que quisiéramos que nuestros hijos automáticamente tuvieran las mismas ganas de descansar que nosotras. ¿No les ocurre igual? Vas y vienes detrás de ellos, les dices en todos los idiomas que es hora de dormir, les apagas la tele, les quitas los juguetes, te desesperas escuchándolos llorar sin saber como hacerlos entender, quisieras que tuvieran un botón del que pudieras apagarlos para que se durmieran instantáneamente, en fin… el nivel de frustración llega al máximo solo para vivirlo otra vez a la siguiente noche, y la siguiente, y la siguiente…

Sin embargo, si desmitificamos el ir a la cama, en realidad es una actividad del día igual a las demás, como ir a la escuela o a jugar al parque. De la misma manera debemos hacer el ir a la cama una parte esencial del día de nuestros hijos. Es importante tener siempre presente que somos nosotras como madres las que debemos enseñarles y hacer de esta actividad algo positivo y disfrutable para nuestros hijos. Es común que nuestra mente de adultos a veces olvide que los niños deben aprender a dormirse como aprenden el resto de las cosas. Y es ilógico esperar que ellos quieran ir a dormir de la misma manera que lo queremos nosotros los adultos que llevamos años de haber adquirido el hábito. Por eso es importante que no perdamos la noción, y por el contrario, aprovechemos que nuestros hijos son esponjas que absorben todo lo que ponemos a su alcance. Así es como aprenden rutinas y hábitos que al practicar día tras día se convierten en parte de ellos. Si nos frustramos, nuestros hijos se frustran. Y si a eso le sumamos el mal humor característico de un niño cansado y con sueño, el resultado es catastrófico y nada positivo ni para el niño ni para nosotras.

Ahora bien, en lugar de imponerles a los niños el hacer algo que simplemente no han tenido la oportunidad de aprender a hacer como es el irse a dormir, es nuestra responsabilidad como madres encontrar la manera de hacer de esta actividad algo entretenido para nuestros hijos. Debemos buscar formas de comunicación con ellos que nos permitan hacerles ver que irse a la cama es divertido, algo único dentro de la rutina de su día que les permite hacer cosas igualmente entretenidas que no hacen en otro momento del día.

A lo que me refiero es hacer de la ida a dormir un juego del que los niños puedan disfrutar mientras los llevamos de la mano (simbólicamente) hacia un estado mental más calmado que le permita a ellos conciliar el sueño. Por eso cuando digo juego no me refiero a brincar ni ir de un lado a otro. Un juego puede ser algo tan simple como cantar una canción específica que el niño relacione con comenzar el juego de irse a la cama. A mi personalmente me funciona darles de cenar y una vez hayan comido, darles un baño en la noche pues me ayuda a relajarlos. El baño también podemos hacerlo divertido. Pueden tener juguetes especiales con los que solo juegan mientras se bañan. Hoy en día hay jabones que hacen espumas de colores o stickers que puedes pegar en las paredes del baño con los que los niños se divierten. O tenerles juguetes con los que hagan burbujas de jabón. Puedes ponerles música suave que va a ayudar a que su cerebro comience a relacionar el momento con el ir a dormir. Después del baño les pongo crema en todo el cuerpo con un leve masaje que mezclo con juegos simples que los hacen reír y disfrutar del tiempo con mamá. Les hago cosquillas, les doy besos en sus estómagos, o juego con los deditos de sus pies mientras les canto. En unos meses por ejemplo ya voy a poder decirles que elijan los cuentos que quieran que les lea… en fin, hago de ese momento algo que ellos disfruten para que al día siguiente quieran volver a hacerlo.

Al comenzar a relacionar el irse a dormir con algo positivo, un tiempo divertido con mamá y/o papá, y no en el momento del día donde viene la restricción de “no puedo jugar mas” o “no puedo ver mas tv”, comenzamos a recibir una actitud más abierta de parte de nuestros hijos. Ahora, tenemos que estar conscientes también que el irse a dormir no es un hábito que aprendemos de un día para otro. Ni nosotras lo hicimos cuando éramos niñas. Es un proceso que toma su tiempo y sobretodo paciencia de nuestra parte. Un proceso que, si nos proponemos a hacerlo con amor y comprensión, no solo fortalece los vínculos entre nosotras y nuestros hijos, sino que crea memorias inolvidables para ellos. Así como nosotras no nos sentimos bien yéndonos a dormir molestas o peleadas con alguien que queremos o con nuestras parejas, de la misma manera no es sano para nuestros hijos que constantemente se duerman en un estado de consciencia proveniente de una discusión con sus padres por no quererse ir a dormir cuando se los ordenaron.

Ahora, con todo esto no quiero decirles que el juego de irse a la cama es eterno y lleno de amor hasta que los niños quieran. Para los niños también es muy útil percibir de sus padres cierto nivel de disciplina y estructura que les permita adoptar positivamente este nuevo hábito. Yo por ejemplo cuando veo que quieren seguir jugando o viendo tv, uso el sistema de llamadas que vemos en un teatro. ¡Sí, tal cual! Hago tres llamadas. ¡Les digo “niños a dormir, primera llamada!” y con el tiempo ellos van entendiendo que, aunque es hora de comenzar el juego de ir a la cama, no es del todo una orden severa que les restringe inmediatamente de hacer lo que están haciendo. ¡A los 10 o 15 minutos les digo “niños a dormir, segunda llamada!”. Con esto ellos saben que se acerca el momento, pero al mismo tiempo disfrutan de poder seguir viendo tv o jugar un rato más. De igual manera ellos ven estas llamadas como que se están saliendo con la suya al no irse a dormir, pero para mi es tenerlos “avisados” de que pronto deberán de dejar lo que están haciendo sin imponer mi orden. 10 o 15 minutos después viene la tercera y última llamada y ellos ya saben que es tiempo de dormir, que ya les di oportunidad para terminar de jugar o ver tv, y que ahora sí es hora de ir a la cama. Los llevo a sus cunas, hacemos las oraciones, les doy su beso de las buenas noches, apago la luz y todos a dormir.

Aquí te dejo unos tips que me han ayudado a mi en este proceso que podría decirles que tengo ya prácticamente masterizado:

Si tus hijos disfrutan jugar con un juguete en particular (un carrito o una muñeca, por ejemplo) permíteles ir a la cama con él. Quizá una vez se duerman puedes quitarlo de su cama para que no se lastimen en la noche, pero el sentimiento de compañía que perciben los niños de sus juguetes favoritos les ayuda a entrar más fácilmente en un estado mental de calma y por ende suelen conciliar el sueño mas rápido.
Aplícales en el cuerpo antes de dormir crema para niños con aromas relajantes como lavanda. Además de lo que los puede relajar el masaje mientras la aplicas, el aroma los relaja y los lleva a un estado de calma ideal para que posteriormente se duerman.
Preocúpate porque tus hijos tengan las mejores condiciones posibles para dormir: pijamas limpias y frescas, cobijas suaves, colchoncitos cómodos. Así como tu disfrutas de acostarte en tu cama, tus hijos también, aunque no lo expresen. Por lo que es igual de importante que todo esté en su punto para garantizarles que disfruten de sus horas de sueño. Además, esto asegura que descansen bien y no se despierten en medio de la noche de mal humor.
Supervisa que no consuman alimentos ricos en azúcar después de las 6pm. El azúcar les dará energía adicional en un momento en el día en el que tardarán en consumirla, lo que significa varias horas más de juego a altas horas de la noche. Y contra eso no hay baño ni lavanda que pueda.
Si tus hijos hacen siesta en la tarde, trata de que pasen al menos unas 5 a 6 horas entre el momento que despiertan y la hora de ir a dormir, así estarán lo suficientemente cansados para conciliar un sueño que dure toda la noche.
Si tus hijos toman tetero o mamila en la noche, trata de que este tibia o calientita. El calor relaja sus músculos y esto puede ayudarte a que entren en ese estado mental que necesitas para que quieran irse a dormir.

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¡Los quiero y hasta la próxima!!!!

Maritza

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EL PODER DEL AMOR FAMILIAR

Ayer estuve en el cine y vi una película que por cierto se las recomiendo “Un saco de canicas” y realmente me sorprendió y me impacto mucho, no les quiero contar la película porque se las hecho a perder, pero si les quiero compartir que salí de allí con un nudo en la garganta y al llegar a casa lo que hice fue abrazar a mi esposo y llorar como por 10 minutos, porque sencillamente toco mi corazón y me hizo ver lo bendecida que soy al apreciar diariamente al esposo que tengo, a los hijos que el creador nos regaló y lo lindo que hemos trabajado juntos en el hogar y la relación hermosa que estamos creando en el amor con nuestros hijos.

Recordé, no corrijo, volví a reiterar que el arma más poderosa que te pueden regalar tus padres es la unión en el amor, el vínculo que puedas crear con ellos es la vitamina, la fuerza, el poder para poder superar todo.

Yo he vivido la mitad de mi vida lejos de mi familia, de mis padres y mis hermanos, como todos saben por mi trabajo de actriz, uno es más gitano que los gitanos, pero así es y aunque la distancia ha sido fuerte, más fuerte ha sido el amor con que nos conectamos, yo no sería tan berraca, como se dice en Colombia si no fuera por todo lo que en mi casa se me dio, el amor, la unidad en el amor.

Mis padres lograron crear un vínculo de amor, de unión, de respeto, admiración y respaldo, de cuidado entre todos.

Siempre escuchamos esto que la familia es lo más importante, que es el núcleo de la sociedad, pero ya no le damos la importancia, ni el valor correspondiente, vivimos en una individualidad cada quien buscando su beneficio y dejando todo sin importancia, sin ningún valor.

Vemos ahora muchos divorcios, familias disfuncionales, desapegos fuertes, odios entre hermanos, entre padres, venganzas, es fácil botar o regalar algo que no nos ha costado o que no tiene valor y creo que se ha perdido mucho, cuando deberíamos ganar tanto, pensemos que el esfuerzo, el trabajo por construir una familia, un hogar, traer al mundo hijos, es la oportunidad para conocer el amor y trabajar por el amor, salirnos de nosotros mismos, crecer, madurar, expandirnos, refinar nuestro carácter, cambiar el mundo, crear puentes de amor, ser más sensibles al prójimo, convertirnos en seres más bondadosos, pacientes, compasivos, mejorar generaciones, potencializar la autoestima del otro, vivir felices y dejar ser felices a los demás

Crean en la familia, en el amor, en la certeza de una Luz suprema, en aportar para que ganemos más y crear un mundo con más sensibilidad y unidad.

¡Feliz día todos los días!!!

¡A los papas, a las mamas y a la familia!

¡Hasta la próxima, amigas!!!

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Besos,
Maritza.

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el árbol que no sabía quién era!

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIÉN ERA

Justo anoche los niños no querían dormir, les canté una canción pero no funcionó, así que me decidí por contarles este cuento que les quiero compartir a ustedes también, que aunque mis hijos tienes tres años, sé que les llego a ellos tanto como a mí, ya que deja una enseñanza muy bonita, porque así somos nosotros, siempre estamos buscando ser como los demás y desperdiciamos toda nuestra capacidad y potencial que tenemos dentro y nos olvidamos que tenemos un mundo inmenso dentro de nosotros por descubrir, una misión y un propósito que cumplir en nuestras vidas y que somos seres individuales y eso es lo que nos hace maravillosos y únicos ante los demás.
¡Espero lo disfruten!!!
Adaptación de una antigua fábula de Oriente
Había una vez un jardín muy hermoso en el que crecían todo tipo de árboles maravillosos. Algunos daban enormes naranjas llenas de delicioso jugo; otros, riquísimas peras que parecían azucaradas de tan dulces que eran. También había árboles repletos de dorados melocotones que hacían las delicias de todo aquel que se llevaba uno a la boca.
Era un jardín excepcional y los frutales se sentían muy felices. No sólo eran árboles sanos, robustos y bellos, sino que, además, producían las mejores frutas que nadie podía imaginar.
Sólo uno de esos árboles se sentía muy desdichado porque, aunque sus ramas eran grandes y muy verdes, no daba ningún tipo de fruto. El pobre siempre se quejaba de su mala suerte.
– Amigos, todos vosotros estáis cargaditos de frutas estupendas, pero yo no. Es injusto y ya no sé qué hacer.
El árbol estaba muy deprimido y todos los días repetía la misma canción. Los demás le apreciaban mucho e intentaban que recuperara la alegría con palabras de ánimo. El manzano, por ejemplo, solía hacer hincapié en que lo importante era centrarse en el problema.
– A ver, compañero, si no te concentras, nunca lo conseguirás. Relaja tu mente e intenta dar manzanas ¡A mí me resulta muy sencillo!
Pero el árbol, por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar verdes manzanas naciendo de sus ramas, no lo conseguía.
Otro que a menudo le consolaba era el mandarino, quien además insistía en que probara a dar mandarinas.
– A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas ¡Mira cuántas tengo yo! Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos… ¡Venga, haz un esfuerzo a ver si lo logras!
Nada de nada; el árbol era incapaz y se sentía fatal por ser diferente y poco productivo.
Un mañana un búho le escuchó llorar amargamente y se posó sobre él. Viendo que sus lágrimas eran tan abundantes que parecían gotas de lluvia, pensó que algo realmente grave le pasaba. Con mucho respeto, le habló:
– Perdona que te moleste… Mira, yo no sé mucho acerca de los problemas que tenéis los árboles, pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa. Soy un animal muy observador y quizá pueda ayudarte.
El árbol suspiró y confesó al ave cuál era su dolor.
– Gracias por interesarte por mí, amigo. Como puedes comprobar en este jardín hay cientos de árboles, todos bonitos y llenos de frutas increíbles excepto yo… ¿Acaso no me ves? Todos mis amigos insisten en que intente dar manzanas, peras o mandarinas, pero no puedo ¡Me siento frustrado y enfadado conmigo mismo por no ser capaz de crear ni una simple aceituna!
El búho, que era muy sabio comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza:
– ¿Quieres saber mi opinión sincera? ¡El problema es que no te conoces a ti mismo! Te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y en cambio no escuchas tu propia voz interior.
El árbol puso cara de extrañeza.
– ¿Mi voz interior? ¿Qué quieres decir con eso?
¡Sí, tu voz interior! Tú la tienes, todos la tenemos, pero debemos aprender a escucharla. Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta. Espero que medites sobre ello porque ahí está la respuesta.
El búho le guiñó un ojo y sin decir ni una palabra más alzó el vuelo y se perdió en la lejanía.
El árbol se quedó meditando y decidió seguir el consejo del inteligente búho. Aspiró profundamente varias veces para liberarse de los pensamientos negativos e intentó concentrarse en su propia voz interior. Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le rodeaba, escuchó al fin una vocecilla dentro de él que le susurró:
Cada uno de nosotros somos lo que somos ¿Cómo pretendes dar peras si no eres un peral? Tampoco podrás nunca dar manzanas, pues no eres un manzano, ni mandarinas porque no eres un mandarino. Tú eres un roble y como roble que eres estás en el mundo para cumplir una misión distinta pero muy importante: acoger a las aves entre tus enormes ramas y dar sombra a los seres vivos en los días de calor ¡Ah, y eso no es todo! Tu belleza contribuye a alegrar el paisaje y eres una de las especies más admiradas por los científicos y botánicos ¿No crees que es suficiente?
En ese momento y después de muchos meses, el árbol triste se alegró. La emoción recorrió su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.
Jamás volvió a sentirse peor que los demás y logró ser muy feliz el resto de su larga vida.
Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos unas capacidades diferentes que nos distinguen de los demás. Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez tratar de ser lo que los demás quieren que seas.
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Maritza

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¿Cómo tratamos a nuestros hijos?

¿Qué pregunta no? seguramente no nos detenemos un segundo a evaluarlo o siquiera a cuestionarlo, damos por hecho que a nuestros hijos hay que tratarlos simplemente como “hijos” con dureza, con premios y castigos, como en una dictadura donde prima la autoridad y la obediencia sin compasión y con ausencia de amor.

Quiero darles tres puntos que me parecen respetables para tener un balance entre la severidad y la bondad para así crear una relación en armonía con ellos.

-El Amor

Siempre hago énfasis en el amor a la hora de tratar a nuestros hijos y me atrevo a decir que la relación interpersonal con ellos viene desde (el momento de) la procreación, y me dirán qué es una locura lo que estoy diciendo, pero no lo es.
Los pensamientos a nivel semilla en ese momento son una manera no potencializada de sus deseos, de su energía, que luego los vamos a ver plasmados en la realidad cuando ellos salen al mundo exterior, solo que en el camino, agobiados por la rutina de la nueva dinámica de nuestros hijos, lo olvidamos y la armonía que visualizábamos en el amor antes de traerlos al mundo se ve reemplazada por las emociones que nos traen las desveladas,el cansancio, la falta de paciencia , los pañales, la rutina de madre primeriza, de no saber qué hacer con el tiempo, ni de nosotras mismas , ni de nuestros esposos, y lo único que tenemos es más fastidio que la suavidad de la dulzura y no quiero decir que estas emociones no sean reales o lógicas con lo que vivimos, pero no deberíamos permitir que esas emociones sean la fuente que nos mueva a la hora de hablar o tratar a nuestros hijos.

Oímos hablar que las madres hacemos grandes sacrificios por nuestros hijos, como por ejemplo dejar de estudiar, trabajar el doble, limitarnos en gastos en fin… pero para mí existe un tipo de sacrifico más difícil y es el sacrificar la emoción visceral que nos activan las situaciones externas de nuestro día a día y poner por encima el amor, y a dónde voy con esto? que cuando el amor nos abandona y nos posee la ira, la impaciencia, la impotencia, la frustración, gritamos a nuestros hijos, los golpeamos, los tratamos con mucha violencia, somos muy severos con ellos y la compasión se esfuma al momento de una corrección o castigo.

-El Respeto

Cuando uno es chico los padres siempre nos dicen “Usted tiene que respetarnos” y sí, es cierto, uno debe respetar a los padres, de hecho, es un mandamiento ordenado por El Creador para cualquier religión, y no se discute, pero si hay una diferencia entre “debes” y “tienes” y aquí el punto no está en discusión si se respeta o no a los padres No, ¡ojo!! es muy delicado porque mi idea aquí es, en el énfasis de como enseñamos el respeto.

El primer contacto, la primera relación que el niño tiene con el mundo es con sus padres y esa manera como aprenden a respetarlos a ellos, la toman de modelo para respetar a los demás.

El mensaje no debería ser de obligación, de imposición, sino de amor de consideración y valoración.

Respetemos a nuestros hijos, hagámosles sentir que son valorados, que nazca en ellos el respeto desde el amor, escuchémoslos, démosle su lugar.

-Mi Pertenencia “Mío”

Las madres siempre nos referimos a los hijos como “mío” … ¡Mi hijo, obvio!!! es mío no es de nadie más!! y siempre lo expresamos hasta para hablar; por ejemplo: qué le hicieron a mi hijo? “ME” lo dejaron llorar?, “ME lo golpearon?, “ME lo dejaron solo?, él ME es mío, no decimos. ¿Qué LE hicieron?, ¿Quién LE pego?, ¿No LO cuidaron? ¡se dan cuenta, aquí hay algo muy clave!! ¡es mi posesión, es mío, de mi propiedad y de esa misma forma los tratamos como si fueran algo, como una cosa que está en mi poder, a mi disposición, bajo mi dominio por lo tanto el hijo tiene que actuar, pensar, sentir, hablar, comportarse como yo digo y quiero, porque es mioooooo!!!

Y aquí hay algo que es muy difícil para los padres entender, la idea de que los hijos al final no son nuestros, como todo lo que hay en este mundo. Los hijos son del creador. Él nos los da para crecer espiritualmente y en otra ocasión profundizaremos en esto, pero si saliéramos de ese mío y pensáramos que son prestados como dice el dicho “ Los hijos son prestados” o como hacen los abuelos que son solo amor con los nietos y nunca son agresivos, ni violentos, porque como ellos no sienten que son de ellos, sino que son prestados!!! entonces los abuelos tratan a los nietos en libertad, sin gobierno, ni dictadura, los abuelos los escuchan, les permiten ser auténticos, conversan con ellos, son libres.

Al tratar a nuestros hijos como seres humanos independientes, con amor, despertando en ellos el valor, el respeto, la autenticidad de su ser, tendremos no solo relaciones positivas con nuestros hijos, sino que ganaremos unos hombres del mañana seguros, libres, capaces de construir una personalidad sólida, con coraje para enfrentarse al mundo en el amor para con los demás.

El balance de la disciplina, la guía para nuestros hijos está en el amor.

todo lo mejor!!!

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¡Los quiero y hasta la próxima!!!

Maritza

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¿a qué edad es mejor tener a los hijos?

Creo que estarán de acuerdo conmigo cuando digo que hay una pregunta en particular que nos merodea constantemente a lo largo de nuestras vidas: ¿cuál es la mejor edad para tener hijos? Hay unas que piensan que lo mejor es tenerlos cuando se es adolescente o estas en tus 20´s, así tienes mayor energía para estar con ellos y “disfrutarlos más”. Otras opinan que mejor si es en tus 30´s, así eres más madura para afrontar las responsabilidades que llegan con el ser madres. Hoy en día es cada vez más común inclusive, conocer mujeres que prefieren esperar a estar alrededor de sus 40´s para poder dedicarle tiempo a desarrollarse profesionalmente en sus 30´s y como dicen comúnmente “vivir la vida” primero. Las opiniones en este tema son tan diversas como las vidas que cada una de nosotras llevamos.

Ahora, quise tocar este tema porque alguien me hizo esta pregunta y yo trate de dar una respuesta para que la chica quedara satisfecha, pero a mí me hizo un efecto más grande porque me quede pensando en esa pregunta por días y me dije muchas mujeres se deben estar preguntando lo mismo y pensándolo bien creo que yo también me hice esa pregunta años atrás cuando estaba tomando la decisión de ser mama. Considero que sí hay una edad ideal para tener hijos: la edad en la que nos concienticemos que tener un hijo es mucho más que cambiar nuestro estilo de vida, o dejar de tener tiempo para hacer las cosas que nos gustan, o perder la libertad que tenemos para ir y venir a nuestra elección. Tener un hijo no significa solamente olvidarse de dormir hasta tarde los domingos, o dejar a un lado nuestros sueños personales y profesionales.

Todas las mujeres estamos naturalmente habilitadas para ser madres en cualquier momento de nuestras vidas. Lo que debemos de cambiar es la forma en la que nos han enseñado a ver el ser madres. La maternidad lejos de significar un aprisionamiento, es un despertar. Lejos de mutilar nuestro desarrollo como mujeres, lo potencializa. Lo que una madre es capaz de hacer por un hijo es infinito, y así de infinito crece su poder de materializar lo que se proponga incluso para ella misma.

Si vemos el ser madres como una relación de dos, madre e hijo, de repente se abre la puerta a un mundo infinitamente enriquecedor. Nuestros hijos vienen a este mundo de nuestra mano y necesitando nuestra guía, sí. Pero también vienen como nuestros maestros, a darnos lecciones que nadie más pudiera darnos, y eso es en realidad lo más valioso de ser madres. Los hijos no vienen a cambiarnos la vida. Vienen a mejorarla. A incrementar exponencialmente nuestra capacidad de amar, de sentir, de crear, de solucionar, de vivir una vida más plena. Un hijo significa adquirir nuevas responsabilidades, pero las responsabilidades lejos de ser una carga, son una oportunidad de volvernos consecuentes con nuestras acciones, de madurar, de evolucionar como seres humanos. Si comenzamos a ver el ser madres de una manera más espiritual y menos terrenal, la planeación del mejor momento en el mundo físico pasa a un segundo plano. Las preocupaciones de si vamos a tener tiempo para dedicarles, se desvanecen porque ese amor infinito de madres va a lograr que sí encontremos el tiempo. La zozobra de si vamos a tener los recursos económicos para sustentarlos se disipan, porque confiamos en que, si el universo nos bendijo con un hijo, de la misma manera nos bendecirá con los recursos para ser las madres que necesitamos ser.

Si no eres aún madre y quieres serlo, abre tu corazón y tu conciencia y entrégale tu deseo al universo. Ábrete a la abundancia infinita del Creador y confía en que su tiempo es perfecto y la bendición de tus hijos llegará en el momento preciso. Si fuiste madre joven y piensas que quizá hubieras querido que tus hijos llegaran cuando estabas un poco más mayor, confía en que llegaron en el momento indicado para ti, para tu crecimiento personal, para el camino que ambos necesitaban recorrer.

En el momento en el que abrimos nuestra conciencia para recibir la bendición de ser madres, confiadas de que el momento en el que ocurra es el preciso en nuestro destino, encontraremos la respuesta de cuál es el momento indicado para tener un hijo, independientemente de la edad. Y cualquiera que sea tu respuesta, es la respuesta correcta.
¡Todo lo mejor!!!
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¡Los quiero y hasta la próxima!!!
Maritza

Categorías: Blog madre espiritual

!Ver las cosas como un privilegio!!

El auto consuelo es la única manera de ver que las cosas que nos pasan en la vida son un privilegio, cuando algo nos pasa que no es muy bonito o es difícil o doloroso es imposible verlo como una oportunidad.

En esta semana escuche tres casos de diferentes personas que están atravesando por momentos difíciles y están tan enfocados en lo duro y pesado de su situación, que no pueden ver precisamente que eso que les está pasando, es la puerta al siguiente paso y no el ancla para hundirse en el lodo de la desdicha del destino o de la persona en cuestión.

Un amigo en una relación de tres años donde tenía planes para su futuro, su pareja le dice adiós; lleva un mes y la depresión, el blanco y negro de su lente ante la vida y su futuro, su debilitada autoestima, lo mantienen como un ente que no ve que este episodio de su vida es un privilegio.

Un familiar cercano ha sido despedido de su trabajo del cual siempre le escuche solo quejas de su jefe y de su cargo, pero al verse despedido siente que fue injusto y perdió la brújula de su destino, agregándole odio, dolor y hasta dosis de venganza … aquí este tampoco logra ver que está viviendo un episodio privilegiado del destino.

Un compañero de trabajo deseoso de un proyecto, firmado y grabando, incluso que eso para uno es más que seguro, fue retirado del proyecto y reemplazado por otro actor. ¿cómo decirle que se sintiera feliz y que fue un privilegio que lo sacaran?

¿Cómo descubrir que esto que me pasa está sucediendo en el momento correcto y con un propósito claro de ayudarme, de enseñarme, de redirigirme a mi siguiente nivel? Es muy difícil ver más allá cuando la parte emocional, visceral, está en caliente. El rechazo, la negación, el no soltar, sentir que es injusto, que no somos merecedores de esto, es lo que no nos deja ver que lo que está pasando es lo mejor para nosotros.

La idea preconcebida de que todo debe funcionar como lo esperamos, el articular el amor, pensar que nuestra seguridad está afuera, en los demás y en las situaciones, eso es lo que nos paraliza cuando se nos “quita” el amor, el trabajo, la oportunidad.

El mundo no gira entorno a nosotros, los demás no son fichas del universo que se mueven a nuestra conveniencia y a nuestro interés, las personas también tienen su historia, sus miedos, su manera de reaccionar, todos estamos jugando el juego de sobrevivir de un modo muy egoísta. La compasión, el darle la oportunidad a los demás, ver las cosas desde la humildad, es un juego al que nos tenemos que adaptar. El “auto-educarnos”; el no continuar una vida de victimismo, de continuar con idealismos de vida que ya no funcionan, que nos traen caos y mucho dolor, siento que podrían ser un buen comienzo para desprendernos del modo robótico de pensar, de ver, de sentir las diferentes situaciones de la vida y empezar a ver siempre todo desde la bendición, la oportunidad y no ser tan viscerales y actuando más desde al amor y que la Luz y el creador están interviniendo siempre.

Es como el padre que le pone límites a los hijos, como cuando hay un NO para una fiesta, para un paseo o simplemente para un capricho del niño; el padre no lo hace para perjudicarlo, ni mucho menos para frustrar su vida, sino porque sabe que es lo mejor para él, pero en ese momento el hijo no lo ve y el padre sí; así sucede en el panorama completo de la vida, todo lo que nos pasa es para bien, pero la pequeña parte de película que se ve en lo proyectado por la oscuridad, es lo que nos mantiene por largo tiempo o para algunos para siempre anclados, paralizados y atrapados.

Aprendamos a ver las cosas que nos pasan como un privilegio, a ver que allí están los mensajes, las enseñanzas, y que todo es una oportunidad para crecer, para avanzar y dar el siguiente paso.

¡Los quiero y todo lo mejor!!!

¡Hasta la próxima, amigas!!!
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Besos,

Maritza

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CAMBIANDO PARA SER NOSOTROS

Les comparto las enseñanzas de mi maestra Nathalie Riess de Tzfat – Israel para compartir otra mirada en nuestro camino espiritual.

“Cambiando para llegar a ser nosotros mismos”

“Una vez escuche un alcohólico en rehabilitación que describió el catalizador de su recuperación de la siguiente manera, pensé que el alcohol podría hundir mis penas, hasta que aprendí que las penas saben flotar.

La tendencia humana es culpar, todos nuestros fracasos, problemas y falta de éxitos a otras personas y a otras circunstancias, todos son culpables menos nosotros mismos, nos decimos una y otra vez, si hubiese crecido con padres más amorosos, si tuviera más autoestima, si mi profesor no me hubiese humillado, si fuera de diferente contextura, si fuera más inteligente, si mis amigos no me hubiesen influenciado para mal todo sería diferente.

La entrega de la Tora en el Monte de Sinaí fue una entrega monumental sin precedentes, fue un momento en el tiempo que cambió radicalmente al mundo y dejo su huella para siempre en todo ser humano.  Dios se reveló, apareció el espíritu Divino ante millones de personas y declaro Yo soy Dios tu Dios, no dejo espacio para ambigüedad o dudas, ese momento que todos quisiéramos experimentar cuando escuchamos si tan solo Dios me probara que existe, pero la continuación del sueño que todos tenemos, nunca haría nada malo, nunca se cumplió, unos cuantos días después de esta impresionante experiencia, los judíos se dejaron llevar, temerosos del sentimiento de abandono que sentían hacia Moisés, construyeron el becerro de oro y empezaron a idolatrarlo, olvídense del mandamiento de no servirás a otros Dioses que escucharon de la misma voz Divina, olvídense de la certeza y la fe intensa que experimentaron, estaban hechos del mismo material falible con tentaciones e inclinaciones, dudas e impulsos como siempre y desde siempre y una vez más fracasaron.

Lo que nos lleva a entender que la verdad absoluta es que nada ni nadie puede cambiarnos, sino nosotros mismos, al igual que el alcohol no puede resolver nuestras penas o retos emocionales, inspiración nunca tomará el lugar del esfuerzo y el trabajo, si la entrega de la Tora y la misma voz de Dios no fueron suficientes para prevenir que los Judíos pecaran, tampoco mejores padres, ni maestros, ni amigos, ni situaciones financieras, solo nosotros somos los creadores de nuestro destino y para eso se nos concedió el libre albedrío y el poder absoluto de la decisión, se cuenta de un sabio que cuando era niño vio como su casa se incendiaba, mientras estaba parado al lado de su mama observando como los últimos pedazos de lo que era su hogar llegaban a cenizas, vio como ella lloraba inconsolablemente, el árbol genealógico decía llorando y gritaba, decía una y otra vez, el libro que recuenta nuestra hermosa historia familiar está perdido para siempre, el niño consoló a la madre diciéndole, mama no te preocupes yo creare un árbol nuevo mama, yo estableceré un linaje del que te sentirás muy orgullosa.

Abandonemos el si tan solo yo y remplacémoslo con la oración yo estableceré un nuevo linaje, no miremos al pasado para martirizarnos de lo que podría haber sido, en vez miremos hacia el futuro a lo que tiene que ser, lo que podría haber pasado no va a cambiar nada de todos modos, lo que será está en gran parte de nuestras manos, deseándonos a todos que logremos ver el pasado solo como referencia, para tomar buenas acciones en el presente y mejorar nuestro futuro, para que sea una semana bendecida con todo lo bueno, que realmente internalicemos nuestro poder de decisión y cumplir la Tora en su mayor parte, muchas gracias  y que tengan un lindo día.”

http://www.aguafrescaparaelalma.com/cambiando-para-ser-nosotros/

¡Hasta la próxima, amigas!!!

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Besos,

Maritza.

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