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¡Ir a la cama!

Ir a la cama… ese momento del día que para muchas es el más deseado, pero una vez eres madre se convierte en una odisea interminable por la que quisiéramos que nuestros hijos automáticamente tuvieran las mismas ganas de descansar que nosotras. ¿No les ocurre igual? Vas y vienes detrás de ellos, les dices en todos los idiomas que es hora de dormir, les apagas la tele, les quitas los juguetes, te desesperas escuchándolos llorar sin saber como hacerlos entender, quisieras que tuvieran un botón del que pudieras apagarlos para que se durmieran instantáneamente, en fin… el nivel de frustración llega al máximo solo para vivirlo otra vez a la siguiente noche, y la siguiente, y la siguiente…

Sin embargo, si desmitificamos el ir a la cama, en realidad es una actividad del día igual a las demás, como ir a la escuela o a jugar al parque. De la misma manera debemos hacer el ir a la cama una parte esencial del día de nuestros hijos. Es importante tener siempre presente que somos nosotras como madres las que debemos enseñarles y hacer de esta actividad algo positivo y disfrutable para nuestros hijos. Es común que nuestra mente de adultos a veces olvide que los niños deben aprender a dormirse como aprenden el resto de las cosas. Y es ilógico esperar que ellos quieran ir a dormir de la misma manera que lo queremos nosotros los adultos que llevamos años de haber adquirido el hábito. Por eso es importante que no perdamos la noción, y por el contrario, aprovechemos que nuestros hijos son esponjas que absorben todo lo que ponemos a su alcance. Así es como aprenden rutinas y hábitos que al practicar día tras día se convierten en parte de ellos. Si nos frustramos, nuestros hijos se frustran. Y si a eso le sumamos el mal humor característico de un niño cansado y con sueño, el resultado es catastrófico y nada positivo ni para el niño ni para nosotras.

Ahora bien, en lugar de imponerles a los niños el hacer algo que simplemente no han tenido la oportunidad de aprender a hacer como es el irse a dormir, es nuestra responsabilidad como madres encontrar la manera de hacer de esta actividad algo entretenido para nuestros hijos. Debemos buscar formas de comunicación con ellos que nos permitan hacerles ver que irse a la cama es divertido, algo único dentro de la rutina de su día que les permite hacer cosas igualmente entretenidas que no hacen en otro momento del día.

A lo que me refiero es hacer de la ida a dormir un juego del que los niños puedan disfrutar mientras los llevamos de la mano (simbólicamente) hacia un estado mental más calmado que le permita a ellos conciliar el sueño. Por eso cuando digo juego no me refiero a brincar ni ir de un lado a otro. Un juego puede ser algo tan simple como cantar una canción específica que el niño relacione con comenzar el juego de irse a la cama. A mi personalmente me funciona darles de cenar y una vez hayan comido, darles un baño en la noche pues me ayuda a relajarlos. El baño también podemos hacerlo divertido. Pueden tener juguetes especiales con los que solo juegan mientras se bañan. Hoy en día hay jabones que hacen espumas de colores o stickers que puedes pegar en las paredes del baño con los que los niños se divierten. O tenerles juguetes con los que hagan burbujas de jabón. Puedes ponerles música suave que va a ayudar a que su cerebro comience a relacionar el momento con el ir a dormir. Después del baño les pongo crema en todo el cuerpo con un leve masaje que mezclo con juegos simples que los hacen reír y disfrutar del tiempo con mamá. Les hago cosquillas, les doy besos en sus estómagos, o juego con los deditos de sus pies mientras les canto. En unos meses por ejemplo ya voy a poder decirles que elijan los cuentos que quieran que les lea… en fin, hago de ese momento algo que ellos disfruten para que al día siguiente quieran volver a hacerlo.

Al comenzar a relacionar el irse a dormir con algo positivo, un tiempo divertido con mamá y/o papá, y no en el momento del día donde viene la restricción de “no puedo jugar mas” o “no puedo ver mas tv”, comenzamos a recibir una actitud más abierta de parte de nuestros hijos. Ahora, tenemos que estar conscientes también que el irse a dormir no es un hábito que aprendemos de un día para otro. Ni nosotras lo hicimos cuando éramos niñas. Es un proceso que toma su tiempo y sobretodo paciencia de nuestra parte. Un proceso que, si nos proponemos a hacerlo con amor y comprensión, no solo fortalece los vínculos entre nosotras y nuestros hijos, sino que crea memorias inolvidables para ellos. Así como nosotras no nos sentimos bien yéndonos a dormir molestas o peleadas con alguien que queremos o con nuestras parejas, de la misma manera no es sano para nuestros hijos que constantemente se duerman en un estado de consciencia proveniente de una discusión con sus padres por no quererse ir a dormir cuando se los ordenaron.

Ahora, con todo esto no quiero decirles que el juego de irse a la cama es eterno y lleno de amor hasta que los niños quieran. Para los niños también es muy útil percibir de sus padres cierto nivel de disciplina y estructura que les permita adoptar positivamente este nuevo hábito. Yo por ejemplo cuando veo que quieren seguir jugando o viendo tv, uso el sistema de llamadas que vemos en un teatro. ¡Sí, tal cual! Hago tres llamadas. ¡Les digo “niños a dormir, primera llamada!” y con el tiempo ellos van entendiendo que, aunque es hora de comenzar el juego de ir a la cama, no es del todo una orden severa que les restringe inmediatamente de hacer lo que están haciendo. ¡A los 10 o 15 minutos les digo “niños a dormir, segunda llamada!”. Con esto ellos saben que se acerca el momento, pero al mismo tiempo disfrutan de poder seguir viendo tv o jugar un rato más. De igual manera ellos ven estas llamadas como que se están saliendo con la suya al no irse a dormir, pero para mi es tenerlos “avisados” de que pronto deberán de dejar lo que están haciendo sin imponer mi orden. 10 o 15 minutos después viene la tercera y última llamada y ellos ya saben que es tiempo de dormir, que ya les di oportunidad para terminar de jugar o ver tv, y que ahora sí es hora de ir a la cama. Los llevo a sus cunas, hacemos las oraciones, les doy su beso de las buenas noches, apago la luz y todos a dormir.

Aquí te dejo unos tips que me han ayudado a mi en este proceso que podría decirles que tengo ya prácticamente masterizado:

Si tus hijos disfrutan jugar con un juguete en particular (un carrito o una muñeca, por ejemplo) permíteles ir a la cama con él. Quizá una vez se duerman puedes quitarlo de su cama para que no se lastimen en la noche, pero el sentimiento de compañía que perciben los niños de sus juguetes favoritos les ayuda a entrar más fácilmente en un estado mental de calma y por ende suelen conciliar el sueño mas rápido.
Aplícales en el cuerpo antes de dormir crema para niños con aromas relajantes como lavanda. Además de lo que los puede relajar el masaje mientras la aplicas, el aroma los relaja y los lleva a un estado de calma ideal para que posteriormente se duerman.
Preocúpate porque tus hijos tengan las mejores condiciones posibles para dormir: pijamas limpias y frescas, cobijas suaves, colchoncitos cómodos. Así como tu disfrutas de acostarte en tu cama, tus hijos también, aunque no lo expresen. Por lo que es igual de importante que todo esté en su punto para garantizarles que disfruten de sus horas de sueño. Además, esto asegura que descansen bien y no se despierten en medio de la noche de mal humor.
Supervisa que no consuman alimentos ricos en azúcar después de las 6pm. El azúcar les dará energía adicional en un momento en el día en el que tardarán en consumirla, lo que significa varias horas más de juego a altas horas de la noche. Y contra eso no hay baño ni lavanda que pueda.
Si tus hijos hacen siesta en la tarde, trata de que pasen al menos unas 5 a 6 horas entre el momento que despiertan y la hora de ir a dormir, así estarán lo suficientemente cansados para conciliar un sueño que dure toda la noche.
Si tus hijos toman tetero o mamila en la noche, trata de que este tibia o calientita. El calor relaja sus músculos y esto puede ayudarte a que entren en ese estado mental que necesitas para que quieran irse a dormir.

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¡Los quiero y hasta la próxima!!!!

Maritza

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