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Niños Difíciles o Padres Cansados

“No existe niño difícil, lo difícil es ser niño en este mundo de gente cansada,
ocupada, sin paciencia y con prisa”

Está frase de reflexión me inspiro para el tema que toqué en mi canal de YouTube “Con M de Mujer by Maritza” y quise escribir de ello nuevamente aquí en mi blog, porque considero que es un tema sumamente vital para nuestro crecimiento como madres.

Estamos en unos tiempos donde nuestros días corren muy rápido, andamos de prisa y siempre nos quejamos del tiempo y en ese corre-corre nuestros hijos sufren las consecuencias.

Siempre soñamos con casarnos, tener hijos, verlos crecer, que nos den nietos y en nuestras mentes siempre pasan cosas bonitas y positivas, vemos la maternidad como ese futuro perfecto que nos va a llenar de satisfacción, amor y felicidad; pero una vez empezamos a vivir la realidad vemos a ese sueño como un gran problema, y de repente los hijos comienzan a ser la razón por la que no tenemos tiempo y como resultado nos convertimos en madres frustradas, estresadas, sin paciencia, quejándonos porque perdimos nuestro tiempo y espacio y lo peor es que el delivery que le damos a nuestros hijos está lleno de toda esa energía.

Los padres vivimos ocupados en nuestros trabajos y obligaciones ya sea en casa o en la oficina y al estar atareados todo el día tenemos nuestra energía baja cuando ellos quieren compartir o jugar con nosotros, entonces recurrimos al iPad o los enviamos donde los abuelos o le pedimos a la niñera que juegue con ellos, porque estamos cansados después de un día largo y lo único que queremos es descansar y agrégale también que a veces estamos tan estresados y la paciencia no es de nuestros mejores aliados.

Pongámonos un momento en su lugar, ellos saben que salimos a trabajar y lo más hermoso es que ellos lo aprecian, porque saben que eso lo estamos haciendo por ellos, no olvidemos que también fuimos niños y lo que más queríamos era jugar con nuestros padres o pasar tiempo con ellos, no perdamos ese niño interior que todos llevamos dentro, tomémonos un tiempo para respirar y sacar esa milla extra de la que siempre hablo.

Démosle a nuestros hijos el tiempo que ellos nos pidan, no como un sacrificio, sino como la oportunidad de compartir, de aprender, de enseñar, de vivir esas cosas inimaginables que tienen ellos para darnos, de disfrutar hasta las cosas más simples que con amor se convierten en importantes. El cariño, el amor que les demos en esta etapa cuando ellos desean estar con nosotros va hacer la gasolina emocional que les va a durar toda la vida.

Las invito entonces a ser conscientes de que nuestros hijos ansían y necesitan pasar tiempo con nosotras. Asegurémonos de que la madre que encuentren al llegar en la noche no sea una madre cansada, irritable y sin tiempo para dedicarles. Preocupémonos más por vivir experiencias con ellos, y no tanto en ponerles reglas, límites o estándares de comportamiento. La educación en casa es importante, sí. Pero no más que la conexión que podemos crear con nuestros hijos cuando invertimos nuestro tiempo en ellos con paciencia, una sonrisa e infinito amor.

Hasta la próxima, amigas!
#ElBlogDeMaritzaRodríguez

Categorías: Blog

El juego del tiempo

He estado leyendo muchos de sus comentarios y me pareció interesante hablarles esta vez de un tema que parece ser muy recurrente y que además pueden aplicar literalmente a diario. Muchas veces me preguntan: Maritza, ¿cómo haces para que te alcance el tiempo para ser madre, esposa, actriz y dedicarle además tiempo a las cosas que para ti son importantes como mujer?

Y la respuesta es sencilla: ¡tengo una varita mágica! ¡En serio!!! Y ya luego les explico cómo la uso.

Empecemos por la pregunta como tal. Si analizan el origen de la pregunta y el contexto, podrán darse cuenta que viene ya premeditada desde una mentalidad en la cual el tiempo usualmente no alcanza para todo lo que debemos y queremos hacer. Esta es lamentablemente una idea aprendida y más las mujeres que nos vemos día a día sacrificando unas cosas por otras por querer “cumplir” con lo que se espera de nosotras, o peor aún, lo que esperamos de nosotras mismas.

Está en nuestra naturaleza de mujer querer hacer y ser todo para todos los que nos rodean y amamos. Y para lograrlo nos exigimos al máximo y nos medimos con estándares altísimos y muchas veces absurdos, en donde si no somos mujeres maravilla o no nos lo reconocen nos sentimos menos o incapaces de alcanzar ese ideal de mujer perfecta que tenemos en nuestra cabeza y con el que competimos a diario. Esto hace que nos mantengamos en un estado mental constante de carencia y de culpa, corriendo interminable contra el tiempo donde nunca experimentamos una satisfacción plena. Así pues, nuestras vidas se resumen en un corre corre sin fin, donde no sólo sentimos que no alcanzamos a hacer todo lo que debemos hacer, sino que además nos encontramos sacrificando muchas de las cosas que queremos hacer.

En otras palabras, vivimos con una continua frustración que nos impide apreciar verdaderamente cada instante de nuestros días. Dejamos de disfrutar el momento presente por estar pensando en lo que nos falta hacer, lo que tenemos pendiente o lo que calculamos que no alcanzaremos a hacer. Nuestra mente está en el después de, y no en el ahora, entonces los momentos especiales no suelen llenarnos porque no los vivimos plena e intensamente. Estamos tan envueltas en el afán de hacer todo lo que tenemos en nuestra lista de tareas que no nos detenemos a apreciar lo maravillosas que pueden llegar a ser nuestras vidas y las personas que amamos. Pensamos que nuestros hijos y parejas esperan a una mujer que lo puede hacer todo a la perfección y además dedicarles el máximo tiempo posible, cuando en realidad enriqueceríamos más sus vidas estando en cuerpo y alma presentes en cada momento que pasemos con ellos, por muy corto que parezca. Caemos en el error de permitirle al tiempo que le dedicamos a nuestros hijos o pareja, ser el índice de medición del amor que sentimos por ellos. Puesto así en palabras, ¿creen que es justo? ¡Por supuesto que no!

Hoy en día vemos como algo normal y entendible, el hacer y escuchar comentarios como “Desde que soy madre ya no tengo tiempo para mí, ni las uñas puedo ir a arreglarme, a qué horas?” o “Solíamos vernos muy seguido pero ahora que todas estamos casadas y con hijos, mis amigas y yo ya solo por teléfono nos mantenemos en contacto”, o “La luna de miel de mi marido y yo terminó cuando llegaron los hijos, es que te demandan tanto tiempo!”, o “Vivo con remordimiento de no poder pasar más tiempo con mis hijos pero entre el trabajo y la casa no me alcanza el día para todo”.

¿Les suena familiar?

¿Entonces qué hacemos? ¿Todas tenemos las mismas 24 horas del día, cómo las alargamos? La respuesta es simple: las desaparecemos. Eso es exactamente lo que hago con la varita mágica que les mencioné. Desarmo el esquema de tiempo en mi cabeza, y me concientizo de que cinco minutos vividos intensamente son más enriquecedores que un día entero vivido a medias. Vivo conectada a un eterno presente donde el tiempo no determina ni me califica. Y si por alguna razón tengo ciertas cosas que no alcanzo a hacer en el día, no me atormento, elimino de mi mente cualquier pensamiento de culpabilidad y remordimiento por no hacer algo que tenía pendiente, pues mañana será otro día donde seguramente encontraré el momento para hacerlo. Esto acompañado de una flexibilidad a prueba de cualquier eventualidad hacen que en mi realidad siempre tenga tiempo para todo. Esto quiere decir que si las cosas no salen como las planeé, no tengo el más mínimo problema de adaptarme a la situación actual. No permito que nada me saque de mi centro ni de mi estado de equilibrio.

Por ejemplo, si tenía planeado ir a cenar de aniversario y por alguna razón nos retrasamos para salir o no alcancé a comprarle un regalo a mi esposo, no me angustio. Aprovecho la oportunidad de quedarnos en casa para hacer de la noche algo especial y espontáneo sin atormentarme porque no es lo que tenía en mente. Si no vi los primeros pasos de mis hijos no me culpo, encuentro la manera de recompensarlos con toda mi atención y amor cuando los vea. Si no alcancé a hacerme una manicure o a verme con mis amigas no me frustro sintiendo que no tengo tiempo para mí, seguramente en los próximos días encontraré el momento para hacerlo.

Para poder lograr esto es esencial que cambiemos nuestra mentalidad en referencia a la relación que hemos entablado entre el tiempo, el amor y nuestra felicidad.

Cuando logras desaparecer el concepto del tiempo logras amar estando en un entreno presente. Cada instante es una oportunidad para disfrutar al máximo de los que amas, y las circunstancias se van a un segundo plano. La calidad del tiempo que pasas con ellos no está medida por cuan largo puedes estar con ellos, o si todo está a tu alrededor como lo imaginaste. Estás inmersa en ese momento y lo ves como una bendición, un regalo del Creador. Dejas de culpar al tiempo por las cosas que no puedes hacer, porque siempre alcanzas a hacer todo. Hoy o mañana, pero lo logras, sin culparte o reprocharte. Llegas a un estado emocional de agradecimiento y plenitud en el que no hay espacio para la frustración, las quejas o la carencia.

El tiempo no califica lo buena o mala que eres en todos tus roles como mujer y no determina lo feliz y plena que puedas sentirte haciendo mucho o poco.

El amor está fuera del tiempo. ¡Cuando amas estás en un eterno presente, lo único que te mueve es lo feliz que te hace compartir con tus hijos, contigo misma, con tu esposo, tu carrera, no el tiempo, porque das sin medir, nunca acaba lo que das, es como si los días no tuvieran fin, ni las horas sólo sabes que anochece porque se fue el sol, estas conectada con otra realidad!!! Pero cuando estás pensando en el tiempo te desconectas.

Es como un juego tú decides como jugarlo si entras en la limitación del tiempo te vuelves su esclavo y acaba la magia como si bajaras a la cruda realidad de la lógica “de que el tiempo no alcanza para nada”.

Vive en la frecuencia de la inteligencia infinita de la Luz no de la separación que te presenta este mundo físico y lógico.

¡Hasta la próxima, queridas amigas!

#ElBlogDeMaritzaRodriguez

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Tiempo vs Maternidad

Cada vez qué hablamos del tiempo lo ponemos en el lugar que más nos conviene, a veces juega el papel del bueno, otras veces del enemigo y en otras oportunidades como el socio silencioso. Pero realmente el tiempo no es nuestro verdugo, somos nosotros, es nuestra conciencia la que le da ese lugar.

Digo esto porque cuando llega la maternidad a tu vida el tiempo juega el papel del gran enemigo, escuchas frases como “el tiempo no te alcanza para nada”, “el tiempo se va tan rápido, disfruta de tus bebés” o “Es cuestión de tiempo”.

Le ponemos tanto énfasis a los límites cuando en verdad deberíamos no darle tanta importancia. Muchos me preguntan ¿cómo le haces para hacer tantas cosas a la vez y con mellizos?  ¡¿Cómo sacas tiempo?!

No es que saque más tiempo o que tenga la fórmula mágica, no, es que me siento bien con lo que hago en el día así no alcance a hacer lo que tenía agendado. No siento culpa, ni me estreso, simplemente acepto que lo que hice fue lo que debí haber hecho y hay un mañana para continuar. Obviamente los compromisos laborales tienen caducidad y hay que hacerlos en el tiempo requerido.

Les confieso que sí, tengo muchas cosas que hacer y no porque sea artista, sino por que soy muy inquieta  y me gusta hacer muchas cosas a la vez, pero ya saben la prioridad de mis quehaceres se la llevan mis bebés, mi esposo y mi trabajo, en cuanto a las otras cosas de la vida van quedando en fila, pero jamás le echo la culpa al tiempo por no realizarlas, solo pienso en lo divertida que es mi vida, en lo especial que es cada momento que vivo, y si no tuviera tantas cosas rodando en simultáneo, con tantos desafíos, de verdad que mi vida si sería muy aburrida.

Mas allá de desgastarme en sacar tiempo, en ganarle al tiempo o pelearme con él, mejor  me ocupo en saber ¿dónde pongo mi energía, mi felicidad de qué depende? ¿De la apreciación o de mi queja? El tiempo para mí es simplemente las manecillas del reloj y no el oponente de mis bendiciones.

Dios nos regala cosas maravillosas, valorémoslas  y no dejemos escapar la continuidad de la abundancia con la queja y la no apreciación de ellas.

Cosas que me funcionan:

-Organizarme según mis prioridades

-Desconectarme de la queja cuando los demás me incitan.

-Pensar que la fuerza del creador acomodará  lo que deje de hacer hoy.

-Pensar en el amor que mis bebés necesitan, no son los ladrones de mi tiempo.

¿Qué tal? ¿Ustedes cómo organizan su tiempo? Cuéntenme en los comentarios o en mi Facebook, Twitter o Instagram con el hashtag #ElBlogDeMaritzaRodríguez, saben que me encanta leerlos.

 ¡Les dejo un beso!

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